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Entrevista a Joan Babot: “Una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas”




14-11-2016 | General | Becas

Entrevista a Joan Babot: “Una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas”

Entrevista a Joan Babot: “Una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas”
¿Quién dijo que la vida de jubilado estaba condenada al sedentarismo y al aburrimiento? Fuera quién fuera el autor de esa frase, está claro que no había conocido ni oído hablar nunca de Joan Babot.

Este hombre de 72 años de Sant Joan Despí lleva casi siete jubilado, desde que plegó a los 65 de trabajar en la ITV y como jefe de personal del Camp Nou. En su palmarés como ciclista, una etapa que empezó cuando cumplió 50 años para recuperarse de una operación de rodilla y que todavía hoy dura, ha conquistado seis veces la Titan Desert y una la Titan Tropic, la única que se ha hecho hasta la fecha, además de muchas más carreras menos conocidas, como la Quebrantahuesos, la Pedals de Foc, la Vuelta Islandia en BTT, los Monegros, la Marruecos On Bike o el Camino de Santiago, entre muchas otras.

Cada día, con escasas excepciones, se enfunda en su maillot, agarra su bicicleta y su casco y se va durante horas a “trabajar”, que es como él mismo llama a sus escapadas sobre ruedas. Babot es una persona por la que no pasan los años, por lo menos en el espíritu y en las ganas de disfrutar de esto a lo que llamamos vida. Un niño ilusionado con su bicicleta y atrapado en el cuerpo de una persona mayor que se resiste a envejecer. Un ejemplo a seguir y una referencia para mucha gente que lo admira por lo que hace y por cómo lo hace. Un maestro de las dos ruedas.
 

“Una persona no envejece cuando se le arruga la piel, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas”. ¿Está de acuerdo con este dicho?

Por supuesto. La edad no existe. Mientras haya salud no hay ningún límite. Hay personas con 40 años que, por desgracia, no tienen salud y no pueden hacer deporte, como también hay otras con 80 años que tienen salud y suben el Everest.
 

Siempre le ha gustado el deporte, ¿no? En su infancia y juventud se centró en el fútbol, llegando a jugar en el Barça… ¿Qué es lo que más le gustaba de ese deporte?

Empecé muy joven a jugar a fútbol, como era típico en aquella época, y lo hice en mi pueblo, en Sant Joan Despí. Jugaba de portero y con 18 años me fichó el Barça, donde estuve varios años. Lo que más me gustaba de este deporte era jugarlo, poder progresar, ver mundo y hacer amigos. No pude llegar a jugar con futbolistas importantes como Sadurni o Garay, pero sí que convivía con ellos en los entrenamientos en el campo del Barça. Por desgracia, a los 24 años tuve una lesión de ligamentos y, dado el poco conocimiento que había entonces al respecto, tuve que dejar el fútbol. Me puse a trabajar y, cuando cumplí 50 años me operé el ligamento cruzado, que siempre lo había tenido roto, y empecé a montar en bici para recuperarme de la operación. Y ahora soy un enfermo del ciclismo, no sabría vivir sin él. Me da vida y me permite ver mundo, dado que he viajado a muchos países gracias a la bicicleta. Y pienso viajar mucho más.
 

¿Entiendo entonces que desde que se lesionó con 24 años hasta que cogió la bici con 50 no hizo ningún deporte?

Eso es. No practiqué ningún deporte, pero sí que estuve relacionado con él. Entrené a la Penya Barcelonista de Sant Joan Despí, fui Presidente del Sant Joan Despí… siempre tuve una estrecha relación con el fútbol local hasta que con 50 años decidí sustituir la enseñanza hacia los demás para practicar yo mismo el deporte, en este caso la bicicleta.
 

¿Cómo fue ese paso de no hacer nada a empezar con la bici?

Me regalaron una Monty, que fue la primera bicicleta que tuve, salí por el Camino de la Salud en Sant Feliu y a los 2 o 3 km me tuve que parar debajo de un árbol porque ya no podía más. El segundo día me dije “tienes que llegar hasta esa llanura” e hice un poco más que el día anterior. Y así, poco a poco, fui avanzando hasta llegar a la carretera de la Creu. A base de esfuerzo y entreno cada día aguanté más y fui progresando.
 

Hace retos deportivos que exigen mucho desgaste físico y mental, y los hace diariamente y con 72 años, ¿cuál es su secreto?

Lo primero necesario es tener salud. Si se tiene salud lo segundo que tenemos que hacer es establecernos unos objetivos que podamos alcanzar y, si nos esforzamos lo suficiente, ya encontraremos la vía para conseguirlos. En mi caso me machaqué y sacrifiqué para tener objetivos importantes y, de momento, me respeta la salud, me gusta entrenar y vivir para mí y me cuido. Llevo una vida como si fuera ciclista profesional: entreno cada día, como una dieta equilibrada y me peso y me miro las pulsaciones diariamente. Mientras pueda, seguiré haciéndolo, a pesar de que hay momentos en los que pienso que igual debería bajar un poco el ritmo para disfrutar más y sufrir menos sobre la bici, pero siempre acabo volviendo a las andadas (risas).
 

Ha hecho referencia a la alimentación, ¿cuánta importancia tiene?

Muchísima. Para mí es tan importante como entrenar. Si entrenas pero luego comes mal y bebes alcohol pierdes lo que has ganado sobre la bici. Es indiscutible que para tener un cuerpo en buenas condiciones, tu alimentación también debe ser adecuada.
 

¿Qué alimentos come y cuáles no?

En mi caso tengo una ventaja y es que tanto un hijo como una hija míos son celíacos, por lo que en mi casa comemos sin gluten, es decir, únicamente productos sanos. Ya me he acostumbrado y me ayuda mucho a mejorar mi rendimiento.
 

Escuchando todo lo que me ha ido diciendo no creerá en que el deporte tenga edad, ¿no?

Indiscutiblemente no. Si el deporte tuviera edad yo ya debería haberme retirado. Una virtud que tengo es que me fijo en las personas que son mayores que yo y siguen haciendo deporte. Yo haré 72 años, por lo que mi objetivo es mirar lo que hace el que tiene 75, y no el que tiene 70 o 68. No se puede parar nunca. Además, soy muy perfeccionista y siempre busco compensar con el entrenamiento o la alimentación ese porcentaje de físico que cada año pierdo a causa de la edad. Gracias a ello, si he perdido un 5% consigo ganar un 10% y siempre voy para arriba. En lugar de retroceder, avanzo más. Hay carreras en las que hago mejor tiempo ahora que hace diez años. Será que voy por el buen camino (risas).
 

¿Cómo influye el deporte en el bienestar emocional?

Ambas cosas van muy ligadas. Cuando estás estresado o agobiado por una carrera o por conseguir un objetivo, el deporte no te beneficia demasiado emocionalmente, y eso me pasa a mí a veces porque me lo tomo todo con mucho sentido de la responsabilidad. Cuando participo en una carrera voy a pasármelo bien, como es lógico, pero también quiero ganar. Si puedo pasar al que tengo delante lo hago, me da igual que tenga 20, 30 o 40 años. Eso me crea una presión que no me deja estar demasiado relajado, pero a la vez también me hace sentir bien el poder terminar una carrera. El hecho de que los familiares o amigos me tengan como una referencia me da mucha satisfacción y mucha vida.
 

¿Qué valores o mensajes intenta transmitir con lo que hace?

Quiero que la gente tome conciencia de que el deporte es bueno, es positivo, le dará calidad de vida y le permitirá ser un ejemplo para sus hijos o nietos. Hacer deporte y tener un buen estilo de vida es saludable.
 

¿Qué consejos puede darle a todas aquellas personas mayores que no acaban de decidirse a hacer deporte?

El mayor consejo es que se deben tener ganas. Sin ganas no se hace nada. Hay que mentalizarse de que tiene que ser algo progresivo, no intentar hacerlo todo de golpe. A la larga sacarán un rendimiento, pero no hace falta correr. Hay que ser constante, si se puede hacer cada día mejor que cada dos días, y mantenerlo con una buena alimentación y el descanso adecuado.
 

Ha sido seis veces Finisher de la Titan Desert, cuénteme su experiencia en esa carrera.

La primera vez que participé en la Titan Desert fue en la segunda edición, y en aquella época era una prueba un poco menos dura que en la actualidad, dado que había una etapa menos, se corrían cinco en lugar de seis, pero coincidió que ese año 2007 habían habido unas inundaciones terribles en la zona, lo que provocó que se tuviera que suspender una etapa y que la logística fuera complicada. Esa primera toma de contacto me sirvió para animarme y engancharme a esa carrera y por eso fui en las siguientes ediciones, que fueron cada vez más duras y más difíciles y me obligaron a sacrificarme mucho. Todo ello hizo que la satisfacción que tuve al acabarlas fuera inmensa. Es una carrera a la que puede ir cualquiera, siempre y cuando esté bien preparado física y mentalmente. En mi caso la alegría fue todavía más grande porque la primera Titan la hice junto a mi sobrino, otra con un cuñado mío y, lo más importante, tres veces la he hecho con mi hijo. Últimamente hay más padres que la hacen junto a sus hijos, pero en aquel momento creo que fuimos los primeros que lo hicimos, y es algo que llena mucho. Ya veremos si volveré a participar en una Titan, las ganas están ahí, pero me hago mayor y debería valorarlo todo bien. Eso sí, no digo que no vaya a volver nunca. No lo descarto.
 

También ha acabado la única edición que se ha hecho hasta la fecha de la Titan Tropic de Cuba, ¿cómo fue?

Hice la Titan Tropic en 2015, que fue cuando se hizo por primera vez. El paseo que hicimos el primer día por La Habana en el prólogo de la carrera fue impresionante, así como también lo fue el recorrido, los bosques, las montañas y el ambiente. Es un mundo distinto al de la Titan Desert, con mucha más humedad, más agua y lluvias, más barro… Además, cogí una infección intestinal muy fuerte que no me dejó salir un día, y eso me dejó un mal recuerdo. En todas las etapas iba el último, junto a Juan Carlos Nájera de Orbea que, como era imposible pasar vehículos, era el organizador que cerraba la carrera, y le iba diciendo que me daba vergüenza mi situación, que nunca me había visto cerrando una carrera en última posición. Por todo ello me quedó una espinita clavada de la que todavía hoy no me he recuperado del todo. Si tuviera ocasión, me gustaría volver, pero no puedo estar en todos lados porque la economía no me lo permite. Al igual que con la Titan Desert, tampoco cierro la puerta a un posible regreso.
 

¿En qué le ayudó formar parte del equipo GAES en la Titan Tropic?

Ir en el equipo GAES en bicicleta es como el que va en coche con el equipo Ferrari. Vas con lo máximo y poder compartir eventos con ellos es una satisfacción muy grande.
 

Por último, ¿cuál es su límite?

La edad y las circunstancias irán colocando a cada uno en su lugar, pero yo de momento no tengo límite. Mis aspiraciones son las mismas que tenía hace cinco años: me gustaría ir a la Épica Chile en Atacama, volver a la Titan Desert y a la Titan Tropic... Cuando llegue el momento, si vuelvo a tener la oportunidad, lo haré. Este año he hecho recientemente la Marruecos On Bike, así que he vuelto al desierto de Marruecos aunque no haya sido en la Titan.