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10-08-2016 | General | Premios

“Si todo el mundo hiciera un pequeño cambio en su realidad más cercana, la sociedad mejoraría”

 “Si todo el mundo hiciera un pequeño cambio en su realidad más cercana, la sociedad mejoraría” Entrevista a Lluna Martí y Martí Lázaro.


Blaise Pascal dijo una vez que la grandeza de alguien consiste en saber reconocer su propia pequeñez. Vivimos en un mundo egoísta reinado por la propiedad privada, en el que la mayoría de la población vela únicamente por sus propios intereses, sin querer ver más allá de sus narices. Y digo la mayoría porque todavía existen algunas personas que te hacen aferrarte al clavo ardiendo de la esperanza y seguir confiando en la bondad, generosidad y solidaridad humanas. Es el caso de Lluna Martí y Martí Làzaro, dos jóvenes catalanes que se han propuesto reconstruir un pequeño pueblo nepalí llamado Chhanga, que quedó seriamente afectado el año pasado por un terremoto. Lluna Martí tiene 23 años, vive en Pineda de Mar y es Maestra. A su lado, en la silla, el proyecto y la vida, está Martí Làzaro, un joven de 21 años de Sant Pol de Mar que estudia Empresariales. Ambos, recogidos bajo el manto de la humildad pero empujados por su envidiable espíritu solidario, partirán el próximo 30 de agosto al Himalaya para plasmar sobre el terreno su proyecto, el “Projecte Chhanga”.
 
¿Conocíais Nepal antes del terremoto?

LL: 
Sí, estuve una vez hace dos años en la que fue mi primera experiencia en el Himalaya. Entonces tenía 20 años y me ofrecieron la oportunidad de ir a hacer una expedición y subir un 6.000 allí y me gustó tanto la experiencia que desde entonces quería volver para, además de completar más cumbres, poder aportar algo a un país como Nepal que actualmente está tan afectado por el terremoto.

M: Yo no he ido nunca, pero Lluna me ha hablado mucho de todo aquello, como también lo ha hecho Sange, el Sherpa natal de Chhanga, el pueblo donde vamos a reconstruir la escuela. De tanto oír hablar de ello y tras presentar nuestro proyecto a las becas de Persigue tus sueños de GAES, las ganas de ir y poder ayudar son inmensas. 

¿Cómo nace el Projecte Chhanga?

 
LL: El proyecto nace de haber vivido hace dos años aquella primera experiencia en Nepal y de tener un vínculo afectivo con él, tanto con el país como con el Sherpa Sange, que me hizo de guía y nos explicó la situación que viven los distintos pueblos de su país después del terremoto. Sange es natal de un pueblo llamado Chhanga, que está en una zona del Himalaya poco conocida y bastante olvidada, dado que no está frecuentada por turistas, es muy pobre, sus habitantes viven de forma precaria y, para colmo, el Gobierno no les ha dado ningún tipo de apoyo. La necesidad que hay allí, el vínculo que teníamos con Sange −que es amigo nuestro y actualmente vive en Catalunya− y la propuesta que hace GAES por ofrecer ayudas a proyectos de esta envergadura, con un fondo deportivo de hacer alguna cumbre allí, hicieron que nos embarcáramos en esta iniciativa. 

¿En qué consiste ese proyecto?

M
: El proyecto se divide en dos partes. Principalmente está la vertiente solidaria, que consiste en reconstruir el colegio de Chhanga, que quedó afectado por el terremoto del año pasado, y, además, hacer una obra de canalización del agua desde el río hasta una fuente en el centro del pueblo. Y por otro lado tenemos la vertiente deportiva, que consiste en hacer un trekking por la zona de Khumbu, subiendo a varias cumbres de 5.000 metros para aclimatar y culminar el Lobuche Peak, de 6.119 metros de altura. 

¿Cuáles son las fases a seguir en dicho proyecto?

LL:
 La primera fase, que marcó el inicio de todo esto, fue la beca Persigue tus sueños de GAES. Montamos todo el proyecto en modo borrador para presentarlo al concurso, dado que todavía no teníamos nada definitivo pero sí que sabíamos lo que queríamos hacer, y tuvimos la suerte de recibir el premio de la beca. Gracias a ello ya teníamos una base por la que empezar a construir todo el proyecto. A partir de ese momento empezamos a trabajar para intentar reunir más dinero a través de venta de camisetas y otras piezas de ropa, cenas y rifas solidarias, etc. La aportación de GAES fue la frontera entre una idea y la posibilidad real de llevarla a cabo.La segunda fase, la de acción, empezará el 30 de agosto y durará hasta octubre, y se corresponderá con el tiempo que estaremos en el Himalaya para desarrollar todo el proyecto: construir la escuela, hacer la canalización del agua y subir la cumbre.
Por último, cuando regresemos aquí empezará una fase igual de importante como es la de concienciación. Por medio de vídeos y fotografías enseñaremos a todas aquellas organizaciones o personas que nos han ayudado con sus recursos y su dinero cómo se han convertido en hechos reales, es decir, cómo su dinero ha acabado siendo una escuela y una canalización de agua de la que podrán beneficiarse personas sin recursos económicos.
 
¿Cómo valoráis la iniciativa de GAES por ayudar a personas anónimas a conseguir sus sueños?

M: Es una obra muy bonita y necesaria. Que una empresa ayude a personas que no tienen los recursos necesarios para hacer proyectos como el nuestro hay que valorarlo.

LL: No conozco demasiadas iniciativas de éstas, en las que empresas tan importantes tienden la mano al pueblo para ayudarlo a llevar a cabo acciones como la nuestra, que empezó siendo una idea y gracias a GAES se va a convertir en una realidad, en una acción importante de cambio. De este modo se forman vínculos y relaciones muy interesantes para poder equilibrar más los dos lados de la balanza. 

Se trata de un proyecto solidario sin ánimo de lucro, ¿por qué creéis que hay tan pocos proyectos así?

LL: Mucha gente querría ser solidaria, pero desde que somos pequeños no somos conscientes de la capacidad que tenemos en nuestra mano para cambiar cosas. Creo que es algo que se debería enseñar desde la infancia, dado que si supiéramos la capacidad que tenemos para cambiar nuestro mundo a mejor mucha gente lo haría. Creo que haciendo y divulgando acciones como la nuestra podemos motivar a más gente a hacer cosas similares.

M: En nuestro caso la vinculación con el territorio, el haber estado antes allí, conocer al Sherpa… todo ayuda a tirar el proyecto hacia delante.
 
“Gent petita fent coses petites arreu poden canviar el món” (“Gente pequeña haciendo cosas pequeñas por todas partes pueden cambiar el mundo”). ¿Os identificáis con esta frase?

Ambos: Sí.

Ll: La frase lo dice todo. Forma parte de la metodología que nos identifica: sin esperar nada a cambio, hacer cosas por el simple hecho de creer en ellas y de que te salgan de dentro. Si todo el mundo actuara así e hiciera un pequeño cambio en su realidad más cercana, la sociedad mejoraría.
 
Os ayuda Ferran Latorre en este proyecto… ¿cómo nace el contacto con él y qué os aporta su colaboración?

M: Ferran contactó con nosotros el mismo día de la entrega de las becas, en el edificio de GAES de la calle Pere IV de Barcelona, dado que estaba allí como oyente, le gustó el proyecto y quiso informarse sobre él. Desde el primer momento quiso colaborar con nosotros y ayudarnos en lo que pudiera. De momento Ferran está muy atareado con su proyecto de los 14 ochomiles, pero nos puede aportar mucha experiencia sobre el terreno, puesto que ha ido muchas veces, además de difusión mediática. 

Por último, ¿tenéis buenas sensaciones con el proyecto? ¿Qué esperáis de él?

Ll: El camino hasta el punto en el que estamos ahora ha sido muy emocionante. Nos hemos encontrado con gente anónima que tiene negocios pequeños de pueblo y nos han querido ayudar. Todo esto hace que el camino que antes sólo llegaba a GAES y a nosotros ahora se ramifique y pueda llegar a gente de nuestro alrededor, del pueblo. Que un restaurante se ofrezca para ayudarnos con una cena solidaria… Todas estas cosas hacen que el proyecto adquiera una realidad mucho más humana y profunda, y que las sensaciones sean espectaculares y mágicas.

M: Además, sumando las pequeñas colaboraciones de la gente –mediante Buff’s, diademas, camisetas…– recibimos una gran aportación. De todas formas sí que tengo una sensación de incertidumbre, porque el estilo de vida y la cultura de Nepal son muy distintos a los nuestros y pueden surgir problemas que no sabemos si podremos solucionar tan fácilmente como aquí. Eso sí, una vez allí pondremos todo de nuestra parte para conseguir terminar el proyecto, y estoy seguro de que lo conseguiremos.